
Abogado y escritor. Santiago de Chile, 1970.
He tenido una larga trayectoria profesional en distintos países y en variadas materias. En ese ejercicio he intentado adoptar formas y trazos de sensibilidad poética en el trabajo que ha pasado por redactar desde contratos, escritos, opiniones y muchos proyectos de ley.
De ahí pasé a la escritura una vez que encontré una voz propia y madura para plasmarla en mis poemas.
He publicado dos libros con la editorial Valparaíso Ediciones, en Granada, España.
Soy padre de tres hijos que también han sido una inspiración creativa.
Hoy trabajo en un nuevo libro y en el guion cinematográfico.

Mi escritura nace en el cruce entre experiencia y pregunta. No busca afirmar, sino explorar: abrir un espacio donde la poesía pueda operar como una forma de conocimiento, aunque sea siempre parcial, siempre en tensión.
Escribo desde una conciencia situada, atravesada por el tiempo, por la historia personal y por las transformaciones de una cultura que tiende a diluir al individuo. En ese contexto, la poesía aparece como un intento de sostener una voz propia, aun sabiendo que esa voz nunca es del todo propia: recoge, traduce y deforma lo que también pertenece a otros.
Mi trabajo recorre distintos registros. Desde un lenguaje más denso y fragmentado, hasta una expresión más directa y sostenida en imágenes. Ese desplazamiento no responde a una ruptura, sino a una búsqueda: cada libro ensaya una forma distinta de aproximarse a una misma inquietud.
Esa inquietud es, en lo esencial, la pregunta por el lugar del individuo. Por su libertad, su fragilidad y su posibilidad de sentido en un entorno que muchas veces lo excede. La poesía, en este marco, no ofrece respuestas, pero permite habitar mejor las preguntas.
No entiendo la escritura como un ejercicio aislado. Creo en una poesía que se expone, que circula, que entra en contacto con la vida ordinaria. Que no exige adhesión ni reverencia, sino que se ofrece como una experiencia abierta.
Si algo de esa experiencia logra resonar en quien lee —aunque sea de forma leve o momentánea—, el gesto se justifica.

Fermento es un poemario de lenguaje por momentos críptico, que busca dialogar con la tradición de la poesía chilena del siglo XX, no desde la imitación, sino desde una decantación personal.
Se interna en los intersticios de una conciencia atemporal, aunque situada. Desde ahí aborda temas que van del amor a las tensiones sociales, así como a las transformaciones de una cultura hipermoderna. La pregunta por el individuo atraviesa todo el libro: una exploración del desajuste entre la búsqueda de sentido y una realidad que tiende a disolverlo.
Los poemas se acercan a la experiencia de un yo que percibe su transitoriedad y su fragilidad, sin anclaje claro en un horizonte histórico compartido. En ese contexto, el individuo aparece muchas veces desplazado, reducido a un papel secundario dentro de su propia existencia.
Esa condición se manifiesta como una forma de extravío: una soledad que no es excepcional, sino multiplicada y coexistente con otras. Así, la libertad del yo y su conciencia dejan de afirmarse como valores estables y se transforman en una interrogante abierta, que sólo encuentra expresión en una experiencia inmediata: más cercana al estar que al ser.

Tras la sorpresa que fue Fermento, incluso para mí, continúo el camino con Fragilidad. En este libro, la voz se desplaza: se aleja parcialmente del registro más críptico y surreal anterior, y se abre a un lenguaje más directo, sostenido en imágenes y en una mayor claridad expresiva.
Las temáticas recorren diversas experiencias, pero todas están atravesadas por una sensación persistente de vulnerabilidad. La fragilidad aparece en el padre, en el individuo, en la sociedad, en el amor y en la existencia misma. Es ese pulso común el que da nombre al poemario.
El libro incluye varios poemas que abordan la paternidad desde una doble perspectiva: la del padre y la del hijo. Entre ellos, destaca el extenso poema Al Decir de Chile, que se articula como un canto del padre a sus hijos, quienes han dejado el país para iniciar un retorno —no solo geográfico— hacia la Suiza latente en su vida cotidiana. En este texto pueden percibirse resonancias de Canto General de Neruda y ciertos ritmos cercanos a Zurita, como un diálogo implícito con esa tradición.
Aparece también, de manera más consciente, una referencia a los grandes poetas chilenos, entendidos aquí como una de las contribuciones más significativas del país al ámbito cultural universal, en diálogo con su geografía diversa y su carácter indómito.
Finalmente, Fragilidad se sitúa en una experiencia en primera persona que cruza lo social con una reflexión de carácter ontológico. En ese cruce, la pregunta por el yo y por la libertad —no como idea abstracta, sino como experiencia posible— permanece abierta.

Albedrío es un trabajo en desarrollo, aún inédito.
¿Somos realmente libres? ¿Existe el libre albedrío? ¿Es la conciencia una ilusión generada por el cerebro? ¿Puede haber amor sin libertad? ¿Somos algo más que un conjunto de procesos electroquímicos a los que llamamos vida? ¿Qué es la esperanza? ¿Qué ocurre con lo que ya ha sido? ¿Tiene sentido hablar de destino?
El libro se sitúa en ese campo de interrogantes. Parte de una intuición: el presente podría ser apenas una percepción fugaz, sostenida por una conciencia que se experimenta libre, pero que está atravesada por múltiples determinaciones. Una conciencia que se percibe a sí misma, pero que no logra comprenderse del todo.
En ese marco, el presente se vuelve inasible. Cuando intentamos fijarlo, ya ha pasado. Los sentidos llegan tarde. El tiempo no se detiene, y el universo sigue su expansión indiferente.
Habitamos ese desplazamiento. Algo nos lleva, sin que podamos precisar del todo qué.
Albedrío no busca resolver estas preguntas. Se aproxima a ellas desde la experiencia poética, asumiendo que toda respuesta es parcial, provisional. Más que afirmar, el libro propone una sensación: la de extrañeza frente a lo propio, la de un yo que no termina de reconocerse en lo que vive.
En ese sentido, los poemas se mueven entre la levedad y el desajuste, en una cercanía con lo que podría llamarse Dasein: una presencia que es, pero que no se posee.
El libro reúne algunos textos de trabajos anteriores que ya orbitaban estas ideas, junto con nuevos poemas que, en parte, retoman un lenguaje más tenso, cercano al registro de Fermento.
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